Capítulo 13

Y colorín colorado este cuento no ha acabado

Pues bien, quiero dedicar este capítulo a cerrar el sencoísmo, y no se me ocurre mejor manera que intentar plasmar cómo creo que podría llegar a ser una sociedad en la que el sencoísmo triunfe. Es francamente difícil imaginar una sociedad así, dada la cantidad de cosas que tendrían que cambiar respecto a lo que tenemos actualmente, pero voy a intentarlo.

En mis mejores elucubraciones, las más optimistas, la gente entra en el sencoísmo un poco por la gracia. Rollo «mira, yo creo en esta religión que no la conoce nadie. Es una religión en la que al dios lo creamos los creyentes y en la que la forma de oración es la masturbación». A priori te haces el interesante porque es una religión diferente y que puede dar mucho juego a todo el que quiera diferenciarse un poco. Pero luego te das cuenta de que lo que cuenta el sencoísmo tiene sentido y que puede que no te cueste ponerlo en práctica. Y más teniendo como excusa que es tu religión. Digo esto porque una de las cosas más difíciles de intentar cambiar tu carácter o tu forma de ver el mundo va a ser que, aunque tú tengas claro lo que quieres cambiar y cómo, la gente que te rodea, al menos al principio, seguirá comportándose contigo como si tratase con tu antiguo yo, lo que dificulta mucho la tarea. El poder decir «mira, estoy intentando seguir los preceptos de esta religión» probablemente te ayude en tu lucha contra las expectativas que los demás tienen de ti y te facilite el cambio de pensamiento necesario para generar tu propio círculo virtuoso.

Ser sencoísta te da además sensación de pertenencia a un grupo, algo que, como seres sociales que somos, necesitamos desesperadamente. Y mejor pertenecer a un grupo que busca que el mundo sea un lugar más amable para todos y que cada uno sea totalmente libre de forma individual, que a uno de los que se basan en odiar a otros para conseguir esa sensación de hermandad, ¿no?

El caso es que los unos se lo van contando a los otros y aunque al principio sucede muy lentamente, la gente va oyendo alguna cosita y los más curiosos descargan el libreto y se lo leen. Y de esos, unos cuantos se ven atraídos por la idea, en mayor o menor medida, e intentan poner en práctica en su día a día algunas de estas cosas. Por supuesto, al hacer esto participan en que su entorno se entere de la existencia del sencoísmo, y puede que algunos incluso lo practiquen a su vez. Lentamente, el número de personas que ponen en práctica lo explicado, en la medida en la que pueden o quieren, va aumentando, y lo raro deja de ser el haber oído hablar del sencoísmo: ahora es no haber oído nada sobre el tema. Este es un punto vital, puesto que es más o menos aquí cuando la gente empieza a «apuntarse» a la moda del sencoísmo. Porque si bien es cierto que hacer algo simplemente porque lo hacen los demás no es tan eficaz como hacerlo porque tú crees firmemente en ello, también es cierto que la gente que entre solamente porque es la moda puede perfectamente darse cuenta de que el sencoísmo le está haciendo bien y quedarse por convencimiento propio. Y aun si no se quedan por convencimiento, lo cierto es que si actúan de forma altruista y empática, aunque solo sea «de cara a la galería», seguirán influenciando a su entorno beneficiosamente. Y en algún punto, en esta zona se alcanzará una masa crítica de gente que seguirá, con mayor o menor acierto, las propuestas de este libro; una masa crítica que permitirá que pensar en positivo, esperar que pasen cosas buenas y que la gente sea altruista, pase a ser lo normal. Esto hará que el pensamiento se transforme en realidad paulatinamente, que el deseo de un mundo más generoso y amable transforme nuestro alrededor en un mundo que efectivamente, será más generoso y amable. Por un sencillo sesgo del comportamiento humano como es el de «si los demás lo hacen…».

Un gran problema de la sociedad en la que nos movemos es que ese «si los demás lo hacen» muchas veces va cargado negativamente y se puede transformar en «si a mí me han jodido, yo también voy a hacerlo». Podría llegar a entender esto último si tú fueses a perjudicar a la misma persona que te ha perjudicado a ti, pero lo normal suele ser que tú acabes fastidiando a alguien que no te ha hecho nada, y si ese alguien decide actuar fastidiando a otra persona, se genera un círculo vicioso del que no se sale hasta que alguien decide romperlo. Y es mucho más fácil de romper si sabes que en tu entorno nadie más lo haría y lo desaprueban que cuando tu entorno lo que piensa es que si te han fastidiado y tú no fastidias a alguien, lo que eres es un pardillo. Cuando al acabar la noche algún amigo no encuentra su abrigo porque se lo han robado y en un momento de iluminación decide que va a robar uno él, que a casa no se vuelve sin abrigo, y le hace lo mismo a otra persona. Si alguien no decide poner fin a este círculo vicioso, se van a seguir robando abrigos hasta que solo quede una persona en el bar. Y el que roba va a estar haciendo al siguiente lo mismo que le acaban de hacer a él y que tanto le ha molestado. Pues la magia de alcanzar la masa crítica sencoísta radica en que lo normal empezará a ser que este tipo de comportamientos sea algo que la gente pase a considerar negativo en lugar de «lo normal».

No sé cuál es ese punto ni cuánta gente es necesaria para alcanzarlo. Tampoco sé si llegará a alcanzarse o todo quedará en agua de borrajas. Lo que sí sé es que tengo el convencimiento de que intentar seguir las doctrinas sencoístas podría cambiar las vidas de muchas personas a mejor. Y no solo las vidas de aquellos que decidan poner el sencoísmo en práctica, sino las de todos los que están a su alrededor y acaben beneficiándose del cambio de actitud de la persona concreta.