Capítulo 8

¿Monoteísmo occidental 4.0?

Suena un poco raro hablar de una nueva religión, y más cuando, en gran parte, lo que intento transmitir es una filosofía de vida más que un dogma que no se pueda poner en duda. Sé que a mucha gente el mero hecho de que llame al sencoísmo religión le echará para atrás instantáneamente y es posible que esto haga que no quieran darle una oportunidad. Pero creo que el ser humano sigue necesitado de una religión, y creo que negar esta realidad porque no te gustan las religiones existentes no soluciona el problema. Y por eso busco una que pueda ser aceptada incluso por aquellos que no crean ni lo más mínimo en toda la parte mística del asunto.

Las religiones que perviven hoy en día no están actualizadas, no casan para nada con el paradigma social actual. Por eso rechinan y día a día pierden más y más fieles. Pero la gente sigue necesitando un modelo de vida, una guía. Esa guía es una idea a la que aferrarse, y aquí es donde quiero encajar el sencoísmo. Una idea que aglutine al conjunto de humanidad más grande posible para avanzar en pos del bien común. Una idea que te permita dormir por las noches cuando los problemas se acumulan en tu puerta. Esta idea es Senco y es una religión porque la fe le da poder.

Porque, aunque hayamos avanzado mucho, seguimos necesitando creer en algo. No todo el rato, por supuesto. En nuestro día a día habitual es probable que la mayoría no necesitemos nada en lo que creer, pero cuando irrumpe algún problema en nuestras vidas el asunto cambia. Porque cuando uno camina por la calle en un día normal y mira al cielo sabe por qué es de color azul. Sabe por qué el sol sale por un sitio y se pone por otro. Sabe por qué se forman las nubes. O puede que no lo sepa, pero sabe que hay gente que lo sabe y que él, googleando cinco minutos, podría saberlo. Por lo tanto, en los días normales no necesitas creer en algo más grande que tú que explique todas esas cosas porque todas esas cosas ya tienen explicación. Pero cuando estás en problemas y te preguntas por qué a ti, el asunto adquiere otro matiz.

Creo que el mundo todavía no está preparado para vivir sin una religión. Necesitamos creer en algo porque seguimos sin saber qué ocurre después de la muerte y nadie puede darnos una certeza a este respecto. Seguimos sin tener ninguna certeza respecto a qué hacemos en el mundo o si la vida tiene algún sentido. La gente necesita sentirse parte de algo, y las religiones existentes no han sabido actualizarse. Seguimos teniendo la necesidad de una religión, sí, pero no disponemos de ninguna que se adapte a los tiempos que vivimos. Y es ahí donde entra el sencoísmo.

Un nuevo concepto de religión. No hay unas reglas estrictas que te aseguren un bienestar en el más allá a cambio de sufrir restricciones en el más acá. Es abrazar la idea de que el bienestar está al alcance de nuestras manos y de que solo tenemos que ser conscientes de ello para poder cogerlo. Es ser conscientes de que para hacer algo bueno, tienes que saber que existe lo malo, y para saber esto, tienes que haber vivido algo malo. Que los conceptos de bien y mal, de belleza y fealdad, de felicidad y tristeza, no pueden existir sin su antagonista porque se necesitan mutuamente, y que nada es enteramente bueno ni enteramente malo si lo miras con suficiente perspectiva.

La verdad es que esta idea del sencoísmo, de crear una religión, partió en un inicio de una conversación en la que, jocosamente, comenté con un amigo lo interesante que sería una religión que en lugar de obligarte a no comer cerdo ni beber vino, a no cometer adulterio o a no tomar carne ciertos días, te dijese que tienes que comer cinco piezas de fruta al día y no tomar alimentos procesados. Luego empecé a darle vueltas para hacer algo como el pastafarismo, una sátira de las religiones existentes, pero que permitiese a sus fieles seguir unas reglas que acabasen beneficiándoles.

La gente quiere formar parte de algo. Se hacen seguidores de un equipo de fútbol. O de un partido político, cometa este las barbaridades que cometa. O llegan a discutir con el funcionario encargado de la emisión del DNI para que les deje llevar un colador en la cabeza para demostrar que son fieles seguidores del monstruo del espagueti volador. Todo ello buscando, simplemente, identificarse con algo más grande que ellos. Si realmente hay gente que se afilia a ese tipo de religiones y llega a tomárselas en serio es porque hay un vacío que necesitan llenar. Busco llenar ese vacío con algo más místico que un hobby que te haga sentirte parte de un equipo, como puede ser el fútbol, pero también lo suficientemente coherente como para que pertenecer a ello sea algo racional. Unificar la fe y la razón en un colectivo nuevo para que todo el que se una tenga la sensación de pertenecer a un grupo.

Me gustaría que el sencoísmo llenara ese hueco. Que ofreciese a la gente a la que le gustaría creer en algo la posibilidad de hacerlo. No hay un infierno para el que no crea. No hay ningún castigo eterno. No hay enemigos porque creas en lo que creas, tienes razón. Si no te convence Senco, puedes crear tu propio dios. Si ya te convencía algún dios, no busco con el sencoísmo que le des de lado, en absoluto. Simplemente, te digo que puedes seguir creyendo en él con la certeza de que existe.

Yo te ofrezco a Senco para que juntos lo hagamos más grande. Para que un montón de gente pueda identificarse con algo. Para que todo ese montón de gente tenga una excusa para ser altruista, para ser egoístamente altruista. Para generar una red de personas que tienen algo en común, la búsqueda de la felicidad por me dio del amor. Y para que de este modo construyamos juntos un mundo mejor.

Es decir, busco que tengas fe en algo en lo que además puedes creer racionalmente. Lo cual, en cierto modo, no deja de ser un sinsentido ya que, precisamente, la virtud de la fe es creer en algo que no puedes explicar ni comprender.

Mi visión del mundo, como la de tantos otros, está enormemente sesgada por la religión. No porque yo haya sido religioso, que no lo he sido, sino porque, mal que bien, la religión ha formado una parte sustancial de la vida de todos desde que nacemos. A día de hoy, quizá no es algo tan vital en el día a día de las personas, pero es que hasta hace muy poquito tiempo la mayor parte de la población iba a la iglesia prácticamente a diario. La religión, concretamente el cristianismo católico apostólico y romano, no solo forma parte de nuestra cultura, sino que da forma a esta, pues han estado unidos de la mano prácticamente hasta ahora. Históricamente hemos tenido tres grandes religiones monoteístas que han ido evolucionando. El Antiguo Testamento recibió un lavado de cara con la venida de Jesucristo y el Nuevo Testamento. El dios judío, ese Yahvé que más parecía un diablo, si uno se pone a leer el Antiguo Testamento, un dios caprichoso y con muy mala leche, que tan pronto te premia como te castiga porque algo le ofende, evoluciona y tiene un hijo que es todo perdón y misericordia y que, por arte de birlibirloque, pasa a ser dios también, junto al Espíritu Santo. De repente, Dios era uno y trino y la religión cambiaba y se amoldaba a los tiempos que corrían. Y lo mismo vino a pasar unos cuantos años después con el nacimiento del islam en el año 622. Las religiones van naciendo cuando se necesitan. Desde luego, también se van adaptando a los tiempos, y por supuesto, no tiene nada que ver lo que el papa de Roma dice ahora con lo que podía decir el papa de hace cincuenta años, y no digamos ya el de hace cien. Pero la cuestión es que se resisten al cambio. Aunque se acaban amoldando a los cambios, intentan evitarlos por todos los medios y tratan de continuar como siempre, en un conservadurismo que rechina mucho a día de hoy. Porque, mal que bien, hace más de mil años que nació la más reciente de estas religiones y las cosas han cambiado bastante desde entonces.

El sencoísmo busca ser la nueva religión que permita a la gente creer en algo superior a ellos mismos y que puede ayudarles en su día a día, pero adaptado a nuestros tiempos. Nada de monoteísmo. Aunque nuestro dios sea único, nace de la premisa de que los dioses son ideas a las que nosotros creamos y dotamos de poder; por lo tanto, obviamente todos los demás dioses existen. Cada cual puede elegir a quién adorar o a quiénes adorar, realmente no hay un límite en esto, o a quién o a quiénes pedir tal o cual cosa. Posteriormente hablaré de cómo nuestro dios, sea el que sea, nos va a ayudar por el mero hecho de existir, a centrar nuestra voluntad en aquello que queremos conseguir, y cómo esta voluntad puede afectarnos a nosotros mismos y a lo que nos rodea. En los cismas producidos en las religiones siempre se ha acabado considerando a los otros como «los malos», intentando acabar con ellos. Lo cierto es que la historia ha venido demostrando una y otra vez que la manera más sencilla de unir a la gente es dándoles un enemigo al que poder echar las culpas de todo lo malo que les sucede. Pero eso es totalmente contrario a lo que busca el sencoísmo y no quiero que haya lugar a ningún tipo de interpretación. El sencoísmo busca el florecimiento de las relaciones entre personas, busca que la gente tenga redes relacionales a su alrededor y que todas esas redes se interconecten. Por ello, no hay ni puede haber enemigos. El sencoísmo predica que el fin último de esta vida es el de adquirir nuevas experiencias, y que ya puestos, es mejor adquirirlas siendo feliz. Por ello busca generar un mundo dónde ser feliz pueda ser más fácil, dónde lo importante no es lo que ocurre después de morir, sino lo que ocurre aquí, en el periodo en el que vivimos.

Resumiendo: el sencoísmo es una religión porque la religión une a la gente. Personas dispares que solo tienen en común la creencia de que se puede llegar a una humanidad mejor, y que esa humanidad mejor llevará a un mundo mejor. Te da una sensación de pertenencia a algo más grande, y no es solo una sensación, si no un hecho, puesto que vas a crear una red de personas que te aportará una felicidad constante. El sencoísmo te da una excusa para tener fe sin sentir que estás sacrificando tu capacidad de raciocinio por el camino.